Cuando ayudar es un problema - Mariana Fuksbrauner
17139
post-template-default,single,single-post,postid-17139,single-format-standard,ajax_leftright,page_not_loaded,,qode-theme-ver-2.3,wpb-js-composer js-comp-ver-4.4.3,vc_responsive

Cuando ayudar es un problema

05 Abr Cuando ayudar es un problema

A todas nos encanta poder ayudar. El hecho de aliviar los problemas ajenos nos puede llenar de satisfacción y plenitud. Pero en ocasiones nuestra ayuda es rechazada y se crean conflictos. ¿Sabes a qué se debe?

Aunque creas que estás haciendo lo mejor por los demás, te diría que no ayudes a quien no te ha pedido ayuda. Lo sé, suena fatal. Y me estoy refiriendo a esas ayudas que van más allá de acompañar a quien lo necesita a cruzar la calle, o con las bolsas de la compra, o esos pequeños gestos generosos que pueden surgir en un día cualquiera.

Cuando intentamos dar soluciones a los problemas más complejos de los demás, podemos ser rechazadas si esa ayuda no ha sido pedida. Y por más que creas que saber como aliviar su angustia, su dolor o su preocupación, es mejor no ayudar si no acuden a nosotras. La razón es muy sencilla: quien no pide ayuda, no quiere ser ayudado.

Sé que hay muchas personas que les cuesta pedir ayuda, pero de alguna manera acaban pidiéndola. De todas maneras, supone un proceso de aprendizaje también el hecho de dar el paso para pedirla, que debemos permitir que suceda. De hecho, todos los problemas propios y ajenos, incluso esos que tenemos la tentación de resolver y que no nos tocan, forman parte de un proceso de aprendizaje importante. Todo cuanto aprendemos surge de la necesidad de resolución.

¿Cómo puede ser que no quieran solucionar sus problemas? Ufff, amigas, hay millones de razones por las que mucha gente vive mejor, o solo sabe vivir, dentro de ese caos al que tú desde fuera le ves claramente la solución. Pero esa responsabilidad para resolverlo no es tuya. Porque la manera en la que tú ves las cosas, tu realidad, es completamente diferente a la de los demás. Es única.

Cuando insistimos en ponernos en el papel de salvadoras, podemos estar buscando salvarnos a nosotras mismas. Quizás alimentar de manera inconsciente ese rol que se nos ha dado a las mujeres a lo largo de la historia de estar casi que obligadas a servir a los demás.

Si nos aferramos a solucionar lo ajeno corremos el riesgo de convertirnos en perseguidores. Estos quiere decir que nuestro empeño en que esa persona cambie, en ayudarla sin que nos lo hayan pedido, da lugar a conflictos pues ejerces presión y así se crea el rechazo, teniendo como resultado discusiones como mínimo.

En otros casos, la implicación total en los asuntos de los demás queriendo solucionarlos, queriendo ser las heroínas de sus historias, nos compromete tanto emocionalmente que no somos capaces de separar lo que es nuestro de lo que no. Hacer los problemas ajenos como propios crea angustia, ansiedad y absorbe tu energía. Esa que tanto necesitas para poder ofrecer tu ayuda de verdad.

Las relaciones de ayuda han de ser pactadas y queridas, tanto por el ayudado como el que presa su ayuda. Así, el vinculo que se crea es recíproco, hay feedback y consigue que ambas partes  se benefician en el aprendizaje.

Por lo tanto, antes de dar soluciones a los problemas ajenos ten en cuenta:

  • No ayudar si no te piden ayuda.
  • Saber separar lo que corresponde a cada uno.
  • Pactar la ayuda, ayuda a ambas partes.

 

Cuéntame aquí abajo qué te ha parecido esta manera de ver las relaciones de ayuda. ¿Te lo habías planteado así alguna vez? ¿Te ha pasado actuar como salvadora? ¿Qué sucedió al hacerlo?

 

Un abrazo,

 

Mariana

 

PD: Me gustaría saber qué te ha parecido y cómo te has sentido leyéndolo. Puedes dejar tus comentarios más abajo. ¡Recuerda compartirlo para que llegue a más personas!


¿Todavía no lo has leído? Únete y recibe

GUÍA PARA CONSTRUIR LA VIDA QUE QUIERES VIVIR


2 Comentarios
  • Sofia
    Publicado a las 03:06h, 15 octubre Responder

    Si. A mi me paso pero al reves. Tenia una amiga que siempre me daba consejos. Al principio me parecio muy lindo de su parte que se tomara la molestia de escucharme y se lo agradecia. Pero llego un punto en que ella empezo a enojarse conmigo porque yo no seguia sus consejos. Lo cual ocasionaba un monton de conflictos. Ella no podia distinguir que existen limites. Que las decisiones de mi vida las manejo yo. Que sus consejos son bienvenidos pero al final yo tengo la ultima palabra. La verdad es que la relacion se desdibujo. Yo deje de contarle sobre mi vida para evitar peleas. Nos fuimos distanciando. Es una pena. Yo la sigo queriendo. Pero no podemos tener un vinculo en donde una persona no deja ser a la otra tal cual es, responsable de su vida y sus decisiones.

  • Verónica García
    Publicado a las 20:25h, 07 abril Responder

    Lo mejor, es hacerse cargo de uno mismo.
    Ya que es mucho trabajo y si dejamos de ver al otro , resolveremos más nuestra vida y podremos alcanzar logros . El desgaste físico y emocional no nos permite realizar nuestro día a día.
    Y el resolver no soluciona nada, ya que la persona a la que se le resuelve el problema nunca va a aprender ni a ser responsable de lo que dice y de lo que hace.
    El ser acomedido , servicial el saber escuchar son valores que si tenemos que trabajar en ellos para ser personas que podemos ayudar a el otro. Realizar acompañamiento, el dar soluciones sin realizarlas y que el elija . Mil gracias y que sigas teniendo éxito en cada uno de tus proyectos .

¡Comenta!